La Asociación Mexicana de Industriales de Acabados Superficiales (AMAS) participó en la Semana de Ingeniería de Arkansas State University, Campus Querétaro, con una jornada de vinculación académica e industrial que reunió a estudiantes, especialistas y mujeres líderes de sectores como el automotriz, aeroespacial, energético y de investigación biomédica.
El encuentro, realizado en Elisia Education Hub, en el municipio de Colón, inició con la conferencia “AMAS: ¿Quiénes somos?”, impartida por Ruth Rodríguez, directora general de la asociación, quien presentó las aplicaciones de los acabados y recubrimientos superficiales en distintas cadenas productivas.
Durante su intervención, explicó que estos procesos son fundamentales para la durabilidad, resistencia y desempeño de componentes utilizados en industrias como la automotriz, aeroespacial, electrónica, dispositivos médicos y energía.
Asimismo, destacó la importancia de acercar a los futuros ingenieros con asociaciones y clústeres industriales, que facilitan oportunidades de capacitación especializada, visitas a plantas, becas y vinculación con empresas.
Ruth Rodríguez explicó que AMAS reúne a fabricantes de equipos, proveedores de productos químicos y materias primas, especialistas en aplicación de recubrimientos y empresas que integran estos procesos en sus líneas de producción. Además de representar al sector, la asociación desarrolla programas de formación técnica y colabora con aproximadamente 25 clústeres y organismos empresariales, fortaleciendo el intercambio de conocimientos y la conexión entre la academia y la industria.
“Es muy importante que conforme ustedes vayan identificando en qué sector o en qué rubro se quieren especializar, se vayan acercando a los clústeres y a las asociaciones especialistas en esto, porque estoy segura de que encontrarán muchas oportunidades de capacitación e incluso de vinculación con empresas”, expresó Ruth Rodríguez ante los estudiantes.

Ingeniería en femenino: experiencias desde la industria
Uno de los momentos centrales de la jornada fue el panel “Ingeniería en Femenino”, moderado por María Catalina Galeano Camacho, profesora de Arkansas State University, quien reunió a siete profesionales para compartir sus experiencias, desafíos y aprendizajes en sectores tradicionalmente dominados por hombres.
La conversación comenzó con una dinámica particular: las participantes debían explicar a qué se dedicaban sin mencionar sus cargos ni las empresas donde trabajaban. El objetivo era que los estudiantes conocieran primero los problemas que resuelven, las soluciones que desarrollan y el impacto de su trabajo, antes que sus títulos profesionales.
Mayté Romero, stress engineer en Bombardier, destacó la complejidad de los proyectos aeroespaciales y la responsabilidad que implica garantizar la integridad estructural de las aeronaves. Explicó que su trabajo involucra el análisis de reparaciones y la validación de condiciones de seguridad durante la vida útil de los aviones.
“Una de las partes que más me emociona y me entusiasma de la ingeniería aeroespacial es que cada problema técnico tiene subcapas y dominios de conocimiento muy específicos”, compartió.
También relató que, al integrarse a su equipo, trabajaba principalmente con hombres que acumulaban varios años de experiencia, una situación que inicialmente dificultó expresar sus opiniones. Con el tiempo comprendió la importancia de participar activamente y contribuir a abrir espacios para otras mujeres.

Desde la industria automotriz, Melissa López, paint production manager en Toyota, habló sobre la constante evolución de los procesos productivos y la necesidad de adaptarse a nuevos modelos, tecnologías y exigencias operativas.
“La industria automotriz es una industria difícil, la verdad. Cada cinco años hay un cambio mayor de los autos. Apenas llegas arriba de la curva de aprendizaje cuando viene un cambio mayor y tienes que volver a empezar y aprender de un diseño totalmente nuevo”, explicó.
Para Melissa, enfrentar esos ciclos de transformación requiere preparación, pero también fortaleza emocional. Al reflexionar sobre las cualidades que le han permitido mantenerse y crecer profesionalmente, identificó una en particular: la resiliencia.
“Creo que todos hemos estado en algún momento donde dices: ‘Ya no puedo, es mucho’. Pero soy alguien a quien le gustan los retos y eso ha sido una de las fortalezas más grandes dentro de la industria”, compartió.

Por su parte, Alma Verónica Rocha Santos, quality engineer specialist en Stellantis, relató los desafíos de incorporarse a áreas técnicas altamente especializadas, particularmente en procesos relacionados con pintura automotriz, donde tuvo que ampliar sus conocimientos más allá de su formación inicial como ingeniera industrial.
“Todos los días hay un problema nuevo y todos los días tienes la oportunidad de aprender cosas nuevas. Muchas veces eso también llega a ser un poquito frustrante, pero justo ahí está el reto”, señaló.
Su experiencia permitió reflexionar sobre una realidad de la manufactura avanzada: los conocimientos adquiridos durante la universidad representan una base, pero la especialización profesional exige actualización constante, adaptación y disposición para aprender de otras disciplinas.

Paulina Gerardo Valles, systems engineer en Valeo, compartió una perspectiva sobre las decisiones que marcan una trayectoria profesional. Aunque originalmente deseaba estudiar ingeniería biomédica, las circunstancias la llevaron hacia la mecatrónica y posteriormente a desarrollarse dentro de la industria electrónica automotriz.
“Hay veces donde la vida te lleva a lugares que, si bien tú en un momento no comprendes, después te responde un para qué. No hay un por qué; hay muchas veces en esta vida que no van a encontrar un por qué, pero sí un para qué”, expresó.
Paulina invitó a los estudiantes a comprender que las trayectorias profesionales no siempre siguen una ruta lineal y que los cambios pueden abrir oportunidades inesperadas de crecimiento.

La investigación también tuvo representación con Dorian Fernanda Cañon Dávila, profesora de la Universidad Politécnica de Santa Rosa Jáuregui, quien compartió su experiencia en el desarrollo de biocerámicos y recubrimientos para aplicaciones biomédicas.
Dorian recordó que su interés por la ingeniería biomédica surgió al conocer a una persona de su edad a quien le faltaba un dedo, experiencia que despertó su inquietud por desarrollar soluciones capaces de mejorar la calidad de vida de las personas.
“Dije: ‘Yo tengo que hacer algo’. Y ahí dije: ‘No, yo voy a estudiar ingeniería biomédica, ya es definitivo’”, recordó.
Su camino la llevó posteriormente a especializarse en materiales y continuar su preparación hasta el doctorado. Actualmente, una de sus mayores satisfacciones es acompañar a estudiantes que llegan para realizar estancias de investigación y deciden continuar hacia estudios de posgrado.
“El impacto es demostrar que la ingeniería y la investigación que hay alrededor de esto sí contribuyen tanto académica como socialmente”, destacó.

Una de las intervenciones más cercanas a los estudiantes fue la de Elizabeth Blanno, QTO piping project lead en Kiewit, egresada de Arkansas State University, quien relató su evolución desde becaria hasta asumir responsabilidades de liderazgo en proyectos de ingeniería relacionados con generación eléctrica.
Elizabeth reconoció que durante sus estudios llegó a cuestionarse si realmente podría desarrollarse dentro de una profesión que percibía como predominantemente masculina.
“Hace tres años yo estaba en su lugar, estaba sentada escuchando profesionales y pensando qué iba a ser de mí. Yo siempre pensé que no lo iba a armar”, recordó.
Sin embargo, explicó que el apoyo de profesores y compañeros, sumado a su disposición para aprender, le permitió adquirir nuevas competencias y avanzar profesionalmente.

Al recordar cómo respondía cuando le asignaban responsabilidades técnicas que todavía no dominaba, compartió una frase que marcó su desarrollo: “No, pero ahorita aprendo”.
Su intervención también abrió una reflexión sobre la importancia de establecer límites laborales y reconocer los propios méritos.
“No puedo perderme a mí misma por ganar más trabajo. Al final del día, yo ya ocupo un lugar aquí, ya merezco estar aquí y ya me gané mi lugar”, expresó.
Finalmente, Ruth Rodríguez, quien también participó como panelista, aportó una perspectiva distinta sobre el desarrollo profesional. Aunque es mercadóloga de formación, su trayectoria de aproximadamente dos décadas vinculada con la industria la ha llevado a especializarse en procesos industriales, desarrollo de proveedores y capacitación técnica.
“Yo soy mercadóloga de profesión, ingeniera de vocación desde hace aproximadamente 20 años”, compartió.
Rodríguez destacó que su experiencia ha estado acompañada por especialistas que confiaron en su capacidad para aprender y que el conocimiento técnico puede construirse mediante disciplina, curiosidad y colaboración.

Preparación, confianza y liderazgo para nuevas generaciones
Durante el diálogo, las participantes coincidieron en que el liderazgo dentro de la industria debe construirse sobre la preparación, competencia técnica, confianza y capacidad para comunicar ideas.
Ante una pregunta del público sobre cómo ganar autoridad al dirigir equipos técnicos, las panelistas destacaron la importancia de expresar opiniones con claridad, defender propuestas con argumentos y establecer límites cuando sea necesario.
Ruth Rodríguez compartió una recomendación basada en su propia experiencia profesional:
“Si tienen la oportunidad de prepararse antes de cualquier foro o reunión, investigar con quién van a sentarse en la mesa y el tema general, háganlo. No tenemos que saber de todo, pero sí llegar con un conocimiento previo que denote disciplina y preparación. Eso siempre va a abrir las puertas de la confianza”.
La conversación también permitió reconocer que el crecimiento profesional no depende únicamente de dominar conocimientos técnicos, sino de desarrollar habilidades de comunicación, liderazgo, resiliencia, aprendizaje continuo y equilibrio personal.

Como cierre, los estudiantes participaron en una dinámica interactiva en la que compartieron las palabras que mejor representaban lo aprendido durante el encuentro. Entre las respuestas destacaron resiliencia, inspiración, empoderamiento, confianza, feminidad, fortaleza y aprendizaje.
La jornada concluyó con el reconocimiento a las participantes y un mensaje sobre la importancia de construir espacios donde las nuevas generaciones puedan conocer de primera mano las experiencias de quienes hoy forman parte de la industria.
Con estas actividades, AMAS y Arkansas State University fortalecieron el acercamiento entre la academia y el sector productivo, promoviendo el desarrollo de talento especializado y visibilizando las contribuciones de mujeres que participan directamente en la transformación de los procesos industriales.























