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BYD y Geely buscan comprar planta en México para acelerar su entrada a Norteamérica

Los fabricantes chinos de vehículos BYD y Geely se encuentran entre los principales postores para adquirir una planta automotriz en México actualmente operada por Nissan y Mercedes-Benz, en una operación que podría redefinir la presencia de fabricantes chinos en el mercado regional. De acuerdo con un reporte de Reuters, la instalación, ubicada en Aguascalientes, tiene capacidad para producir hasta 230,000 vehículos al año.

La planta forma parte de la joint venture COMPAS entre Nissan y Mercedes-Benz, la cual está en proceso de cierre como parte de su reestructura global. La posible venta ha despertado el interés de al menos nueve compañías, entre ellas también la firma vietnamita VinFast y otros fabricantes asiáticos como Chery y Great Wall Motor.

Para BYD y Geely, la operación representa una vía estratégica para establecer capacidad productiva inmediata en México, evitando los tiempos y costos de construir una planta desde cero. Además, les permitiría usar a México como plataforma de manufactura y exportación, en un contexto de creciente tensión comercial y mayores aranceles hacia vehículos producidos en China.

El interés ocurre mientras las marcas chinas aceleran su expansión global en vehículos eléctricos e híbridos, y buscan posiciones industriales en mercados con tratados comerciales relevantes. México ofrece ventajas como red de proveeduría, experiencia manufacturera y acceso logístico a América Latina y Norteamérica.

No obstante, la posible adquisición también introduce sensibilidad geopolítica. El reporte señala que autoridades mexicanas han mostrado cautela frente a nuevas inversiones automotrices chinas, ante el riesgo de fricciones comerciales con Estados Unidos. La preocupación central es que la producción en México pueda utilizarse como mecanismo para sortear barreras arancelarias impuestas a autos de origen chino.

Desde la óptica industrial, la operación podría ayudar a preservar empleos e infraestructura ya instalada, además de atraer nuevas cadenas de suministro. Sin embargo, también implicará revisiones regulatorias, negociaciones estatales y definiciones sobre el destino de la producción.